Inicio » Uncategorized » Actualización: De lujo (Interludio: Ava)

Actualización: De lujo (Interludio: Ava)

Hey, ¿hay alguien ahí?

Dios, hace mucho, mucho que no hacía esto. No sé si aún quedará alguien leyéndome, pero el hiatus de De lujo ha terminado AL FIN. No os podéis ni imaginar lo feliz que estoy ahora mismo.

Me encuentro mucho mejor y las cosas van mejor, así que no puedo quejarme de nada, tbh. 

Well, no quiero enrollarme mucho. Esta actualización es un poco corta porque se trata de un interludio que, en principio, no iba a estar aquí. De hecho, no existía para nada, pero creo que es necesario para encauzar mejor la historia. Es bastante intenso y me ha costado un poco escribirlo, pero estoy satisfecha con él, creo. Disculpadme, aun así, si la narración es un poco extraña. Llevo tanto tiempo sin escribir que estoy un poco oxidada.

En fin. Espero que os guste este interludio, y antes de irme a dormir os dejo con un resumen rápido de los últimos capítulos, por si no recordáis alguna cosa:

La última vez que vimos a Raymond, estaba leyendo los apuntes de Louis sobre su novela. Por su parte, Louis había acudido a una reunión con Édouard que no acabó del todo bien. Estaba regresando al Chat cuando Hans y su matón lo interceptan y lo acorralan en un callejón. Aunque Hans amenaza con matarlo, la intervención de Alice permite a Louis escabullirse con Derek, que acababa de aparecer por la zona. El herr lo lleva de vuelta al Chat, recordándole que tienen un asunto de negocios pendiente de resolver…

 

INTERLUDIO

Ava

 

 

Sacudiéndose ceniza y restos chamuscados de seda de encima, Raymond atraviesa a grandes zancadas el hall del Chat Bleu. Tras él deja un rastro inconfundible de destrucción y un buen puñado de clientes confusos, que no saben muy bien si atender a la estrella tiznada de hollín del club o preocuparse más por los aullidos atormentados de Chiara, provenientes del segundo piso. Raymond no se puede creer que aún no haya sido capaz de extinguir el fuego, cuidadosamente planeado para que destruyese todas y cada una de las cortinas del salón de la segunda planta. Debería haber sido una tarea fácil para Chiara, ya que quemar el Chat hasta los cimientos no entra, en los planes de Raymond. No esta vez, al menos.

(Además, las veces que sí lo ha intentado tampoco es que se haya salido con la suya, por desgracia).

Reflexionando acerca del bajo grado de inflamabilidad del Chat y haciendo caso omiso del enjambre de curiosos que se arremolina tras él, el prostituto se detiene un instante para hacer añicos de un puntapié un enorme (y horrendo) jarrón de porcelana china. Ray ve cómo los restos se esparcen en todas direcciones por el blanco suelo de mármol mientras hace un recuento rápido de todo lo que ha destruido.

¿A cuánto ascenderá la deuda de Louis?

Él trata de hacer el cálculo mental. Tiene que procurar no dejarse nada, ni las cortinas del segundo piso, ni la infinidad de vasijas y jarrones que ha pateado, ni, por supuesto, esas botellas de vino y la alfombra persa que lo originaron todo. Los enumera todos con cuidado, paseándose por el hall y haciendo un alto para evaluar, amenazante, el tapizado impecable de unos sofás. Pero la cifra es obscena, tan ridícula que a él sólo puede escapársele una carcajada que hace revolverse de inquietud al grupo de clientes a su alrededor. Al final, no tiene más remedio que desistir y seguir su camino en dirección al despacho de Ava, consciente de que ha hecho un buen trabajo.

Mientras, un piso más arriba, Chiara ruge algo increíblemente grosero e injurioso acerca de su madre y un burro.

 

 

Sobre el escritorio de Ava, una pila aterradora de papeles comienza a inclinarse hacia el vacío. Se trata de una imponente columna de aproximadamente un metro, en la que pueden identificarse diferentes estratos de trabajo atrasado: desde facturas de caviar iraní hasta interminables inventarios de dildos de Svarowski. Ha estado ahí encima desde hace un par de semanas, creciendo a marchas forzadas, pero ahora parece haber renunciado a seguir manteniéndose en pie y amenaza con suicidarse. La dueña del Chat la ve perder la forma, desmoronarse y convertirse en un alud de papeles, carpetas y envoltorios de bombones, que acaba por cubrir la alfombra del cuarto. Luego, se lleva a la boca un último bocado grasiento de Lo mein, apura el champán y se reclina en su silla para estudiar el caos imperante en el despacho que ella misma preside.

El resto del cuarto tiene un aspecto… inaceptable. A Ava le sorprende no recordar cuándo fue el momento en el que su despacho empezó a parecer un estercolero. Estaba segura de que su progresiva degeneración había sido mucho más reciente, pero es evidente que la gruesa capa de papeles que cubre su mesa tiene que ser más antigua de lo que pensaba.

Apartándose un mechón de la cara y sin hacer el menor caso al pitido frenético de su busca, echa un vistazo al reloj.

Son las dos de la madrugada y Ava no puede dormir. No es una novedad, últimamente. Esta no es más que otra de esas noches en las que debe enviar a Chiara a por un menú de comida china de ocho euros y beber a oscuras en su despacho hasta que la sopa barata y el alcohol en sangre no la dejan pensar en el Chat Bleu. No obstante, por más que se dedique a vaciar una copa tras otra lo único que ha conseguido hoy es un incipiente aturdimiento que no basta para amortiguar el peso de la ansiedad sobre sus hombros.

Con dedos torpes, ella recupera un cigarrillo sin filtro del fondo de un cajón, y mientras tantea entre el revoltijo de documentos de su escritorio en busca de un mechero, cae en la cuenta.

Tal vez esta sea la última noche que pase en el Chat.

Aunque Ava se cuelga el cigarrillo entre los labios, no acierta a darle una calada. De pronto las paredes del despacho, las paredes del Chat, parecen cernerse sobre ella y amenazar con aplastarla bajo toneladas de expectativas imposibles de cumplir. Y no puede dejar de oír la voz de su padre vibrante de emoción, haciéndole jurar, diez años atrás, que iba a mantener aquel edificio, el orgullo de los Strauss, en pie. Después de aquello, ella no pudo olvidar la forma en la que le había estrujado las manos ni la confianza ciega en sus ojos.

Diez años atrás…

Un alarido. La puerta del despacho se abre con tanta violencia que ésta rebota contra la pared y casi golpea en la cara a las dos personas que acaban de entrar, casi en estampida, al cuarto. Ava tarda un instante en reconocerlos, tal vez por la embriaguez, o bien por el hollín que cubre a Chiara de los pies a la cabeza y el tizne en la cara de Raymond. Aun así, no tiene mucho tiempo para preocuparse por eso, porque enseguida tiene que llevarse una mano al pecho para asegurarse de que no está sufriendo un infarto.

Frente a ella, Chiara forcejea con Raymond, mientras trata de impedirle avanzar. Él sólo la arrastra dentro, hasta el mismo escritorio de Ava, llevándose por delante una lámpara y otra pila de papeles.

—¡Está loco…! ¡Este… figlio di puttana está… está enfermo!

Chiara empieza a aullar una retahíla de insultos y de imprecaciones que Ava, demasiado ocupada de pronto en tratar (inútilmente) de adecentar su mesa, no alcanza a entender. Raymond, por su parte, no parece muy preocupado y, tras conseguir deshacerse de las garras de la secretaria, se deja caer en la silla al otro lado del escritorio.

—¿Sabes dónde está Louis? —pregunta a la directora del Chat, estudiándose las uñas ennegrecidas y haciendo caso omiso del detallado discurso de Chiara acerca de por qué orificio está dispuesta a intentar introducirle una piña.
Al oírlo, ella enmudece de golpe y se queda inmóvil. Ava nunca ha visto una incredulidad tan genuina como la que refleja la mandíbula desencajada de su secretaria.

—Increíble —Chiara aprieta las manos contra su cara, respira hondo. Una, dos veces—. Esto es increíble.

Y sin mediar palabra, gira sobre sus talones y sale de la habitación dando un portazo que hace vibrar las paredes.

Ava observa la puerta cerrada. El caos de papeles que Chiara ha armado a su paso. Y entonces recuerda a Raymond, aún repantigado en la silla y estrujando algo en el regazo, y ella siente cómo empiezan a palpitarle las sienes.

—¿Qué has hecho ahora? —farfulla, sin molestarse en seguir fingiendo que recoge sus papeles. Sabe que a Ray eso no le importa lo más mínimo.

—Sólo quería saber dónde está Louis.

Ava se frota los ojos, presa de un agotamiento súbito.

—Contigo. Debería estar contigo.

—Vaya. Qué descuidado por su parte, ¿no?

Raymond sonríe y se estira perezosamente, pero hay algo extraño en su postura. Una especie de tensión estática que hace que sus piernas golpeen el suelo una y otra vez, de forma apenas perceptible. Cuando él levanta los brazos para hacer crujir sus articulaciones, Ava cree distinguir un montón de hojas de libreta arrancadas en la mano que antes estaba apretando contra su cuerpo.

Despacio, ella se incorpora en la silla y suspira. Así que eso es lo que le pasa.

—Me preguntaba cuándo te cansarías de él —le dice, hurgando en la bolsa del restaurante hasta encontrar un wontón frito—. ¿Dos, tres meses sin obligarme a despedir a nadie? Ya empezabas a preocuparme, pensaba que habías enfermado. Eso sí, no hacía falta que… casi le provocaras un infarto a Chiara. Ella no te ha hecho nada.

A decir verdad, Ava se siente aliviada. Hacía tiempo que Monsieur Daguerre no alteraba la paz del club, y ella empezaba a desesperarse buscando una excusa con la que justificar su carta de despido. Inconscientemente, Raymond le ha hecho la vida un poco más fácil, y ella casi se echa a reír sólo de pensarlo.

—Espera, ¿y la deuda?

Ava, que estaba mordisqueando el trozo de masa pastosa mientras buscaba el documento en cuestión, se detiene para volver a mirarlo. Ray está paralizado en el sitio.

—Ya no hay deuda, Raymond. Se acabó. Vamos a ver, ¿no es justo eso lo que…?

La dueña del club enmudece, porque el gesto indiferente de Raymond se ha esfumado y su rostro se ha vuelto lívido. Lívido. Al verlo, la memoria la retrotrae sin previo aviso a aquella primera vez que lo vio en su despacho, tantos años atrás. Y el estómago le da un vuelco.

No puede saberlo, ¿verdad? No es posible…

De repente, Ray se pone en pie, con tanta brusquedad que la silla acaba por los suelos, y Ava tiene que hacer todo lo posible por ocultar bajo la mesa el temblor de sus manos. Esto no es lo que ella había planeado. No es el momento, ni está preparada para afrontarlo.

Ella cierra los ojos. Puede escuchar a Raymond paseándose de un lado a otro de la habitación.

—No puedes echarlo del Chat —dice, arrastrando las palabras—. No puedes. Esto… no es lo que tenía que pasar. Las deudas… tiene que quedarse en este puto infierno conmigo, ¿entiendes? Tiene que quedarse atrapado para que lo entienda de una jodida vez.

Ava levanta la cabeza. Raymond le devuelve la mirada, con la mandíbula tirante. Y entonces ella lo comprende todo.

—¿Qué te ha hecho? —pregunta, suavemente, al tiempo que rodea la mesa, con el cuidado de alguien que se acerca a un animal herido. Por suerte, sabe cómo actuar. No es la primera vez que tiene que hacer algo así con él.

No obstante, Raymond retrocede unos pasos, los brazos pegados al cuerpo y los músculos rígidos.

— No lo entiendes —sisea—. Todos quieren algo de mí. Todos.

Ava no puede resistirse. En otro momento, en otro lugar y, sobre todo, con otro tipo de compañías, habría logrado contenerse, pero hoy es uno de esos días. Está demasiado agotada para seguir manteniendo las formas. Así que su carcajada retumba en todo el despacho y hace que Ray se envare en el sitio. Pero ella no lo nota, demasiado ocupada en evitar que se le salten las lágrimas.

—Raymond —comienza, tras apoyarse en la mesa y recuperar su cigarrillo, ya casi consumido, del cenicero—, tal vez no puedas verlo, por obvias razones, pero tú y yo… Somos muy parecidos, ¿no crees? Los dos nos pasamos la vida haciendo cosas que odiamos, atrapados en este sitio por culpa de la misma rata…

Ella da una larga calada al cigarro. La vaharada de humo sube hasta perderse en los rincones más oscuros del techo, retorciéndose como una serpiente gris. Luego, su mirada cae hasta tropezar con las zapatillas de Raymond. Por algún motivo, ya no es capaz de mirarlo a la cara.

—Sabes, al principio estaba convenida de que tú y yo podríamos llevarnos bien, en el fondo… Lo sé, qué ridiculez, ¿verdad? Cómo ibas a querer algo así, después de… todo lo que ha pasado. Y aun así… yo hice todo lo que pude, ¿entiendes? Yo sólo quería hacerte las cosas más fáciles, no he dejado de intentarlo, he hecho todo lo que estaba en mi mano, pero no he podido, Raymond, no he podido hacerlo…

Ava vuelve a dejar escapar una risotada, pero esta vez no hay nadie que la escuche reír. La figura de Ray se escurre al final del largo pasillo que da a su despacho y ella puede distinguirla un segundo, sólo un segundo, antes de que él doble la esquina y desaparezca.

Después, el silencio.

Pero Ava no puede dejar de pensar. Su cabeza reproduce, una y otra vez, las imágenes de aquella noche en la que Hans apareció para arrojar al chico a su despacho y largarse. Recuerda la sangre salpicando la antigua silla del cuarto, la expresión imposible de describir de Raymond. Se vuelve a ver a sí misma de rodillas en la alfombra, secándole las lágrimas.

—Dios mío. Dios mío.

Susurra, antes de cubrirse la cara con las manos y romper a llorar.

Anuncios

10 pensamientos en “Actualización: De lujo (Interludio: Ava)

    • No sabes cuánto te agradezco el haberme esperado, criatura c: Ha sido difícil, pero al fin puedo decir que soy capaz de escribir de nuevo.
      Un abrazo, y nos vemos en la siguiente parte del dieciocho ❤

    • Sí, aún no he muerto ❤
      Jajajaja, well… he estado en un agujero un poco diferente, pero por suerte ya he salido c:

      Estoy encantada de estar de vuelta! Merci beaucoup ❤ Espero que te guste el capi, y nos vemos pronto en la siguiente parte del dieciocho!

  1. Hola , dejarme decirte que amo la forma en que narras, amo los personajes y la trama de la historia, y no te imaginas el mundo de emociones que me has hecho sentir. Llegue por casualidad a tu página y ha sido fabuloso, pero me has dejado ansiosa por saber que va a pasar ahora, adoro a Louis, Ray, Sasha a todos mejor dicho xDDD y por favor te pido que nos digas cómo va a terminar todo que sigue porque me muero de ansias.

    Sin más muchísimas gracias por crear algo tan hermoso y por ese talento.

    Besitos Cuidaré.

    • Hola, Johanna! Muchísimas gracias por leer De lujo! Me hace muy feliz que te haya hecho pasar un buen rato y que te gusten los personajes ❤
      Pienso llegar al final de la historia, no te preocupes c: Tal vez me lleve un poco de tiempo, tho, porque no me encuentro muy bien emocionalmente ahora mismo. Pero descuida, que no os perderéis el final, y espero que os guste tanto como el resto!

      Gracias a ti por leerme, una vez más, un abrazo y hasta la próxima!

  2. Hola, tiene poco que descubrí este libro buscando algo homoerótico para leer y así fue como di aquí, sin duda tenía mucho tiempo que una lectura no me agradaba tanto leí todos los capítulos e interludios que llevas hasta hoy en una noche y parte del día, incluso falte a mi trabajo ese día para seguir leyendo jaja simplemente quiero felicitarte por esta gran obra, sigue así sin duda es de lo mejor que he leído en mucho tiempo 😀

    • Muchísimas gracias, Sam! Me alegro un montón de que te guste tanto De lujo ❤ (pero por favor, ten cuidado, no quiero que te despidan por mi culpa DDDD:).
      Ojalá te siga gustando la serie hasta el final, yo intentaré actualizar pronto.
      Mil gracias de nuevo, un abrazo, y hasta la próxima!

    • No te preocupes, Cristian, terminaré De lujo. Sólo dadme un poco de tiempo, tengo que acostumbrarme a escribir otra vez después de pasar meses sin poder hacerlo, y acabar con todo el trabajo de la universidad.

      Un abrazo, y nos vemos en el siguiente capítulo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s