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Vaho

Ella entró en mi vida hace años, tantos que ya me faltan dedos para contarlos. Como la marea, fue adentrándose lentamente en mi territorio, invadiendo el aire que respiraba, mi piel, hasta taladrar mis huesos y asentarse en lo más hondo. No debí haberlo permitirlo. Pero no pude evitarlo.

Tampoco es que quisiera.

A partir de ahí, nos veíamos a menudo. Cautos al principio, procurábamos que nadie nos viera a los dos a solas. Conducía horas con ella en el asiento del copiloto y el sol muriendo en el horizonte como únicos acompañantes, sin alianza ella y sin ataduras yo, sin rumbo. éramos vagabundos en nuestras propias vidas, y éso me hacía feliz, como nunca antes.

Poco después comenzó a aparecer de vez en cuando en mi puerta, aterida, y yo tenía que dejarla entrar a pesar del miedo a ser descubiertos. Su cuerpecillo parecía perderse en la inmensidad del sofá mientras se tomaba a sorbitos el café caliente que preparábamos juntos, armando siempre un estropicio en mi cocina. Normalmente teníamos una charla insulsa envueltos en una manta y luego ella se quedaba dormida con la cabeza inclinada y los labios entreabiertos. Al caer la noche, la llevaba en brazos hasta mi coche, procurando no despertarla, y conducía hasta dejarla a un par de manzanas de su casa. Ni ella ni yo queríamos aparecer juntos en la puerta de la vivienda por razones obvias. Éramos muy cuidadosos en ese aspecto.

La última vez, no obstante, permaneció largo rato en silencio. A pesar de que intenté sonsacarle algo, cualquier cosa, ella siguió encerrada en sí misma y me respondió siempre con monosílabos. No tocó el café. Se había acurrucado en mi sillón, donde estuvo largo rato viendo nevar y tocándose con gesto distraído su anillo. No quería atosigarla mucho, así que salí de la habitación y me puse a hacer ruido en el estudio, a matar el tiempo. Sólo estuve ausente unos minutos, pero al volver ya no estaba en mi casa, ni en la calle helada.

En realidad, sabía que no volvería a estar en ningún sitio donde pudiera ser encontrada. La culpa había podido con ella. Ésa maldita alianza había podido con ella.

Había desaparecido como lo hace el vaho en un cristal frío.

 

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2 pensamientos en “Vaho

  1. Fijate si seré retorcido que estaba mirando la foto del gato a la izquierda y me pensaba que era un post con trampa… jaja

    Ahora, en serio, me ha gustado bastante, como ya te dije en todorrelatos creo que escribes muy bien…

    Un saludo.

    • Hmmn, ¿pues qué te habías imaginado, criatura? *risas*.

      Me alegro mucho de que te guste, Sergio. Mi intención con el blog es colgar cosillas de lo que tengo en Todorrelatos, además de historietas cortas, así que cuando tenga más tiempo procuraré actualizar el blog y ponerme al día c:

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